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HISTORIA: Historia de Longares

1.- TOPÓNIMOS DE LONGARES »
2.- LOS ORIGENES »
3.- LOS PLEITOS DE LINDES »
4.- LONGARES, PROPIEDAD DE LOS GONZALVEZ »
5.- LONGARES, LUGAR DEL PUENTE MAYOR DE ZARAGOZA »
6.- LONGARES, ALDEA DE LA CIUDAD DE ZARAGOZA. La carta de población de 1305 »
7.- RELACIONES CON ZARAGOZA »
8.- HÁBITAT Y CONCEJO DE LONGARES »
9.- EL ESCENARIO GEOGRÁFICO »
10.- LONGARES, DEPENDENCIA DE ZARAGOZA »
11.- AUTORIDADES LONGARINAS »
12.- EL NOTARIADO »
13.- LOS PRIVILEGIOS Y CARGAS FISCALES DE LONGARES »
14.- LA IGLESIA DE LONGARES »
15.- ECOS DE ZARAGOZA »
16.- LONGARES: UN PUEBLO EN MARCHA »
17.- LOS GOBERNANTES »
18.- LA HACIENDA DE LONGARES »
19.- CONEXIONES CON ZARAGOZA »
20.- LA PARROQUIAL LONGARINA »



La villa de Longares puede contarse entre las privilegiadas de Aragón, en orden a historiografía propia. Esta villa, poseedora de un rico archivo, hoy conservado en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, tal vez por su proximidad a Zaragoza y vinculación en tiempos con el Puente Mayor de esta ciudad, ha merecido el interés de algunos eruditos, que han escrito de su pasado. Un vicario de su parroquia llamado José de Moros Garcés, que vivía por los años 1739-1766, ya redactó unas notas historiográficas que han llegado a nosotros en manuscrito inédito.

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  TOPÓNIMOS DE LONGARES
Angel Canellas López no duda que su nombre parece de clara filiación romana. El topónimo Longares es exclusivo de la provincia de Zaragoza en la que se halla un Longares de Bagüés, otro en el partido de Sos del Rey Católico y el cercano a la capital que ahora nos ocupa.

Hoy en día, nuestro Longares está adscrito al partido judicial de Daroca. Su nombre parece compuesto de una raíz latina, Long- emparentada con el griego logge lanza, aludiendo a la condición de algo largo, prolongado, extenso y Ar un sufijo tónico usado, en este caso, en la formación de un nombre, afectando a una raíz para denotar relación o pertenencia (lo relacionado o perteneciente a algo extenso), o lugar en que abunda la idea de la raíz (lo abundante en extensión). Todo lo cual cuadra perfectamente a la topografía en que se asienta Longares.

Otra hipótesis posible sería considerar que, su nombre, proviene del latín longa res, que, según algunos estudiosos, sería la más lejana posesión
de los romanos pobladores de Cesaraugusta o imaginar relación con alguna villa romana, de algún Longus.

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  LOS ORIGENES
Acerca de los orígenes prehistóricos de Longares las noticias son vagas y existe un vacio que sólo las investigaciones arqueológicas podrán llenar.

La historiografía del siglo XVI, menciona a Longares en algunos autores, como Florián de Ocampo, Los cuatro libros primeros de la crónica general de España, libro IV, cap. XVI, como pueblo de los edetones antiguos; noticia que es reiterada poco después por Andrés Poza, De la antigua lengua, poblaciones y comarcas de las Españas, en que de paso se tocan algunas cosas de la Cantabria, Bilbao, 1587.

Podemos citar al profesor de prehistoria F.Burillo: “que las investigaciones que se han hecho en la comarca de Cariñena, han descubierto bastantes yacimientos sobre todo de la época ibérica (siglo V a.C.) en Muel, Alfamén, Longares, Tosos, Paniza, Encinacorba,... y es seguro que una investigación intensa aumentará el número de yacimientos y llenará el hueco de noticias vagas.”

De la época romana queda la tradición, evidentemente posterior, de que al ser trasladados a Valencia el obispo Valero de Zaragoza y su arcediano Vicente, por orden de Daciano, pernoctaron en Longares, en lugar donde hubo un hospicio, calle del Arbellón, y que con tal motivo hubo devotos que propusieron erigir una ermita. El obispo Valero recibió de manos de su diácono Vicente, la carta que le informaba sobre su traslado a Valencia: “Vicente ve preparando lo necesario. Mañana partiremos hacia Valencia y haremos noche en la villa de Longares. Dios mediante”. Se sabe también de la existencia de un poblado romano en la “Loma Blanca”.

El Cronicón de Hauberto de Sevilla, anota que en el año 402 falleció un tal Pantardo, obispo de Longares; testimonio que comentado por Argaiz, supone, sea Longares, la Longariae del cronista. Hay una tradición local que habla del hallazgo de monedas de la época de Wamba (rey visigodo desde el 672- 680) en un campo de Juan de Aramburo, en la partida llamada del Quemado, en 1660; y el mismo Hauberto citado supone incendiada y destruida Longares en 718.

Lo que haya de aceptable en todas estas alusiones a Longares quedaría más clarificado con la prospección del término y castro de Longares a cargo de arqueólogos, para con sus hallazgos, intentar llenar, de manera objetiva, el silencio de fuentes escritas sobre esta villa en etapas prerromana, romana, visigoda y musulmana. Ya que hasta los primeros años del siglo XII y con ocasión de la conquista del reino zaragozano por Alfonso I de Aragón, no existen testimonios escritos fidedignos relacionados con Longares. LA ALTA EDAD MEDIA El llamado, en las fuentes medievales, castro de Longares, aludiendo, sin duda, a alguna defensa existente en el emplazamiento actual de la iglesia de esta villa, debió de incorporarse de inmediato a la ocupación de Zaragoza, a los dominios de Alfonso I de Aragón, tras diciembre de 1118. Alfonso I fue rey de 1104 a 1134, duplicó el territorio del reino de Aragón, con sus conquistas entre 1107 y 1122, ayudado por señores de la península y del mediodía francés, por las Órdenes Militares y por la Iglesia. Lo que era práctica habitual, así como la retribución a los aliados en la guerra, con nuevas tierras y señoríos.

Alfonso I entra en Zaragoza, dominada por los almorávides, el 18 de diciembre de 1118. Tomaría Longares poco después, ya que ocupa Cariñena y llega hasta el puerto de Paniza en 1119.

Algunos autores, como Mario de la Sala Valdés, hablan de que conquistó Longares en 1127 y que Longares era un pueblo de moros bien murado. Los moros seguirían en Longares, pues los reyes suelen ordenar a los nuevos señores que respeten a los labradores musulmanes para evitar la despoblación.

Pero la primera noticia concreta de Longares es posterior. En octubre de 1127, Alfonso I, desde Castilnuevo de Molina daba al obispo de Zaragoza, Pedro de Librana, oriundo del sur de Francia y obispo de Zaragoza hasta 1128, y a sus canónigos para siempre el castillo de Longares, sito entre Cariñena y Muel con sus términos y pertenencias. Esta noticia aparece recogida en el Cartulario Pequeño de La Seo. En estas fechas, concretamente de 1127 a 1154, se fabricó la iglesia antigua en estilo románico.

Que hubo en Longares habitantes cristianos es evidente: al menos un Gaiget de Longares era recompensado con tierras sitas en Juslibol, el 2 de octubre de 1134, por sus servicios en las batallas con el rey Ramiro II. Igualmente, recibieron recompensa los hermanos de Antón (Atón) y Lope de Longares, por la ayuda prestada al monarca en la batalla de Fraga del mismo año:
“Acepto las tierras en Juslibol y guardaré fidelidad a nuestro rey Ramiro II”. “También han sido recompensados tus paisanos de Longares, Antón y Lope, por su valentía en la conquista de Fraga.”

También puede buscarse relación con Longares en la persona de doña Oria Dat, poltrera del rey Alfonso I, quien le dio en julio de 1134 el privilegio de ingenuidad y franqueza. De sus hijos Antón (Atón) y Lope se cita ayuda importante prestada al monarca en la batalla de Fraga de 1134.

En estos años, el reino zaragozano, experimentó una grave despoblación, al paso de la misma para fomento del habitat salió Ramón Berenguer IV. El príncipe de Aragón, precisaba los límites del territorio por el sur hasta el puerto de Cariñena, incluyendo por tanto el término de Longares. La política pro repoblación, decretada en 1138, debe tenerse por aplicable a Longares: por ella se concedía a aquellos que poseyeran tierras, desde 10 años atrás, la propiedad franca de las mismas, para ellos y sus descendientes, así como el disfrute de la prescripción de año y día para las compras y roturas que se realizasen.
Longares debía seguir afecto a la propiedad de San Salvador de Zaragoza; pero la documentación eclesiástica conservada, mantiene silencio absoluto sobre la villa.

En noviembre de 1142 se consolida la frontera sur del reino zaragozano, con la concesión de fuero a la fortaleza y villa de Daroca: Ramón Berenguer IV, príncipe de Aragón, (que había recuperado ese año del Rey de Castilla la Comunidad de Daroca), al otorgar fuero a Daroca y determinar su término, cita entre sus lindes, entre otras poblaciones, a Longares, que al parecer con sus términos, el rey cedía a Daroca. Longares, al igual que otros lugares citados en tal fuero, figuran como sitos en frontera de moros.

La comunidad de Daroca, comprende 110 pueblos, entre villas y aldeas. A dicha comunidad, no pertenecen los pueblos de Aguarón, Encinacorba y Longares, por ser posesiones. En el caso que nos ocupa, Longares es comprado por Jaime II en 1292, para que proporcione rentas y caudales para gastos de obra y mantenimiento del Puente Mayor de Zaragoza.

Cuando el 16 de Julio de 1147, el pontífice Eugenio III, confirmaba al obispo zaragozano Bernardo, las iglesias y límites del obispado, al citar su extremo sur, alude a Daroca y sus castros y villas. No menciona, para nada, localidad alguna del valle de la Huerva, pero confirma en expresión global los límites por la parte de los moros, que desde antiguo se conocían como legítimos, zona en la que, sin duda, se comprende Longares. Fue este pontífice quien, por bula de 1147, incorporó la villa de Longares a la mitra de Zaragoza.

Estaba la villa pues, todavía en dominio temporal del obispo. Unas citas documentales fidedignas (Cartulario Grande de La Seo), mencionan alguna gente de Longares: un tal Bernardo de Longares figura como testigo en unas ventas realizadas en Zaragoza, el 11 de febrero de 1148 y el 19 de diciembre de 1148, y el 2 de marzo de 1150. Y sobre todo Ramón de Longares, prior de San Salvador de Zaragoza, el 20 de agosto de 1150.
Pero no debía ser muy boyante la situación de Longares, ello lo prueba un documento del 9 de marzo de 1154, en el que el obispo de Zaragoza Pedro Tarroja (obispo de Zaragoza de 1152 a 1184), cede a feudo el lugar e iglesia de Longares a Sancho, pabostre de San Salvador, a condición de que repueble Longares, bajo ciertos pactos y condiciones, reteniéndose el prelado el dominio directo y otros derechos. El texto documental de referencia dice:
“Se cede el castillo de Longares, con todos sus términos, que se sabe tenía en tiempo de moros, retiene el obispo el dominio y en la iglesia los derechos eclesiástico y cuarta de las calonias que se perciban de los moros que allí pueblen; el pabostre Sancho poblará Longares, mantendrá el castillo en nombre del obispo y recebirá para él y sucesores las heredades pertenecientes al castillo, excepto cuatro yugadas que se reserva el obispo para sí y sus sucesores”. La cesión de Longares al pabostre continuaba en el año 1170, en que Pedro Tarroja le confiaba atender a la mesada del mes de septiembre, en el reparto de las cargas de la mensa canonical de San Salvador.

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 LOS PLEITOS DE LINDES
La documentación sobre Longares, nos habla de los pleitos para delimitar sus términos.
El 2 de abril de 1263, estando en Zaragoza, Jaime I comisionaba a Bartolomé Tarín, ciudadano de Zaragoza, para que dirimiera diferencias existentes entre Longares y Alfamén. Se mencionan los hombres y concejo de Longares; se indica que se consulte información a los de Cariñena, Almonacid de la Sierra y Lagunas, que declararán bajo juramento.

Conforme a este encargo, el 6 de abril, Tarín, se dispone a cumplir la orden real, y el sábado siguiente se personó en Alfamén y Longares y los cita para el domingo en el lugar donde se suscitaba el litigio de términos; y ante el notario zaragozano, Domingo de Estada, y tras interrogar a personas de otros lugares comarcanos, algunos de ellos atestiguando de lo que sabían desde hacía sesenta años, dispuso que los mojones entre ambos pueblos se colocasen en el cerro que divide aguas entre Longares y el campo de Sebastián, en la Penilla, al pie de dicho cerro, en el Villarejo y en la Cañada de Abincea.

Por documentación, del 14 de febrero de 1291, parece que habían comparecido, a esta amojonación, una veintena de moros de Alfamén y unos doce vecinos de Longares: pero estos, por ser pocos, no explotaron la tierra lindante que les correspondió, salvo Pedro Cabrero, por lo que los de Alfamén continuaron labrando indebidamente las tierras.

Sigue el pleito de lindes y, el 30 de diciembre de 1264, Jaime I, comisionaba a Blasco Pérez, sobrejuntero del Río de Aranda, que se personasen en Alfamén, Longares y Muel a reconocer los mojones antiguos, colocados entre tales lugares, y de acuerdo con los mismos, se proceda a partir términos en nombre del rey. El comisionado, de acuerdo con lo que lograba averiguar, delimitó tierras en Alfamén y en Longares, comunicando el cumplimiento de su misión a Jaime I.

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 LONGARES, PROPIEDAD DE LOS GONZALVEZ
La documentación conservada, sobre Longares, nos habla de algunos señores temporales que detentan la villa. Y es que parece ser, según Mario de la Sala Valdés, que Longares salió de la mitra y del cabildo, ya que en 1260 aparece como señor de la villa don García, y lo fueron después sucesivamente doña Elvira Gonzálvez, don Sancho de Escorón y don Sancho López de Bailo.

En 1279 aparece Longares en poder de una familia, los Gonzálvez, sin que se conozcan antecedentes de cómo y cuando pasó la villa de la jurisdicción de San Salvador a la de esta familia. En enero de 1279, la señora de Longares, Elvira Gonzálvez, junto con su nieto Rodrigo Gonzálvez (hijo de García Frontín), acompañado de sus vasallos de Longares, se reuniría con los representantes de Cariñena, a fin de delimitar el término común, cumpliendo órdenes de Lope Ximénez de Heredia, justicia de Daroca y de su asesor Portolés de Calatayud. Pusieron mojones, delimitando los términos por la línea de Poyo de García Paño, cabezo sobre el camino de Aylés, camino Pinilla, camino de Cariñena, camino de Zaragoza, peña de Pedro Roma y sendero de Aguarón a Zaragoza. Asistieron al acuerdo entre otros y por parte de Longares Juan rector de su iglesia, Juan de Loarre de Zaragoza, Juan Aguilón, García Mozota, Jimeno Pérez y Domingo Gil de la Serrana.

Por otros testimonios conservados, parece que Rodrigo Gonzálvez, nieto de Elvira González, fue señor de Longares y casó con Urraca Mur de Escorón, de cuyo matrimonio nació Gil García de Deza, caballero aragonés que figura en la expedición de 1322 a la isla de Cerdeña. Urraca, viuda, junto con su hermana, Sancha Mur de Escorón y el marido de ésta, Miguel Garcés, afincados en Sabiñán, debieron desentenderse de Longares.

Aunque, Miguel Garcés, aun figurará en un nuevo litigio de lindes entre Longares y pueblos comarcanos. En 1291, Longares tenía litigio con los lugares de Alfamén, La Torrubia y otros sobre ciertos caminos y montes que le usurpaban los moros. El documento alude a que Longares, por entonces, carecía de señor que saliese a su defensa. Respecto a Alfamén, parece que salvo ciertos campos cultivados por un tal Pedro Cabrero, y la presencia de algún ganado de Longares, eran los moros de Alfamén los que cultivaban aquella tierra. Entonces, por orden de los señores de Longares, se cortaron las mieses a los de Alfamén, lo que efectuó Miguel Garcés, con castigo para Longares, que hubo de abonar en pecha (multa) tres cahices de trigo.

El 13 de febrero de 1291, ante el notario de Longares Pedro Pérez, se lleva a cabo nuevo amojonamiento entre Longares y Alfamén. Lo lleva a cabo Bartolomé Tarín, el mayor. Tenía entonces Longares unos cuarenta vecinos, entre ellos Domingo López, Juan Maynar, Pedro Pérez, Pedro Cabrero y Martín Dezmon.

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 LONGARES, LUGAR DEL PUENTE MAYOR DE ZARAGOZA
Hubo sobre el río una alcántara, que con frecuencia arrastraba las avenidas del agua. Su fábrica, de origen romano, se empezó a convertir en un proyecto ciudadano a principios del siglo XII, coincidiendo con la constitución formal de un elemento autónomo de gobierno local: “el concejo”, con sus prohombres y jurados a la cabeza; e integrado por los miembros de las clases dirigentes de la ciudad. Hay que tener en cuenta la estrecha ligazón establecida entre el concejo y la obra del puente, así como la configuración de un señorío jurisdiccional, integrado por varias localidades zaragozanas (entre ellas Longares), cuyas rentas fueron adscritas al puente.

La conservación de la fábrica del puente, fue siempre objeto de medidas y privilegios especiales, destinándose, incluso, las rentas y utilidades, a poblaciones enteras, para ayuda de su sostenimiento; ya que las concesiones de pontazgos, portazgos y barcajes, no producían las sumas suficientes en relación a las obras que era preciso llevar a cabo.

Este puente ya tenía bienes propios para su conservación en época musulmana, ya que contaba con una administración especial. Pocos años después de la reconquista de la ciudad, aparece como propietario de los bienes de la alcántara un maestro franco, procedente del entorno político más directo del rey Alfonso I. Alfonso II de Aragón, en noviembre de 1188, cede la alcántara a la iglesia de San Salvador, para que en el plazo de 20 años se construyese un puente de piedra. El rey, con la aprobación y concesión del concejo zaragozano, entregaba la alcántara de madera en poder de Sancho, pabostre mayor de cabildo en aquel momento, con beneficios fiscales importantes para fomento de la obra que se pretendía realizar. De la época del pabostre Sancho data la relación entre Longares y el futuro puente de piedra de Zaragoza.

Pero el cabildo de La Seo, se reveló incapaz de cumplir las condiciones impuestas por Alfonso II, en su donación, y acabó por desaparecer del entorno de la obra en los primeros años del siglo XIII. En la primavera de 1210, los prohombres del concejo (que hasta entonces habían estado presentes en todos los actos jurídicos que afectaban al puente) se alzaron con el control exclusivo sobre su patrimonio. El rey Pedro II, confirmó los acuerdos adoptados y ordenó a los arrendatarios de bienes del puente, que pusieran todas las propiedades de éste en manos del concejo, sacándolas del dominio de la catedral.

En estos años, Longares seguía en poder de la iglesia, y como tal aparece documentado el 7 de julio de 1260, cuando Alejandro IV, desde Anagni, confirmaba a Arnaldo de Peralta obispo de Zaragoza los privilegios de su iglesia, sus posesiones y las de las existentes en su diócesis, citando entre ellas la de Longares, con los cementerios y beneficios eclesiásticos. Pero parece que salió de la mitra y del cabildo, ya que en 1260 consta como señor de la villa, don García Frontín.

El puente disponía de derechos señoriales en varios pueblos de la ribera del Ebro: en Cinco Olivas, desde 1199; en Cólera y en Alforque, a partir de 1210; y en Pina, desde 1256.
El concejo de Zaragoza, además de acrecentar los bienes del puente allí donde ya disponían de recursos, compró dos localidades próximas a la ciudad y las convirtió en lugares adscritos al mismo, es decir, señoríos de la obra. La Puebla de Alfindén, fue comprada en 1315, a su señor por 13.000 sueldos jaqueses e incorporada directamente al dominio del puente. En una fecha imprecisa la villa de Longares se hallaba en idéntica situación; parece ser que esa fecha fue en 1292, en que la villa de Longares es comprada por Jaime II para que proporcione rentas y caudales para gastos de obra y mantenimiento del puente mayor de Zaragoza. Desde aquella fecha hasta la extinción de los señoríos, puso la ciudad justicias civiles y criminales en Longares, y dio a la villa sus armas del león heráldico.

En 1294, según Mario de la Sala Valdés, comenzó la ciudad de Zaragoza a comprar casas y tierras en Longares, para renta del Puente de Piedra. Por eso, Longares, al estar vinculada con Zaragoza, comparte con ella un blasón casi idéntico. Así, Longares usa como armas un escudo de gules con un león coronado de oro y una bordura de plata, donde se lee la leyenda en sable: “Fiel villa de Longares”.

El 19 de septiembre de 1305, Pascual López Gordo, su mujer María Beltrán, y su hijo Sancho López, parroquianos de San Andrés de Zaragoza, donan para la obra del puente unas propiedades situadas en Longares. (Archivo Municipal de Zaragoza. Pergamino P-52).
A la propiedad sobre estos dos lugares se añadieron los demás derechos feudales inherentes, como los monopolios señoriales: “hornos, molinos, palomar (en Longares), la percepción de los servicios de hueste y cabalgada, el monedaje, y los impuestos como multas y calonias”, derivados de la administración de justicia civil y penal, que se ejercía en ellos. Esta estrategia era habitual en las grandes ciudades bajomedievales, que se hacían de esta forma con un interesante recurso económico, al ejercer el dominio feudal sobre pequeñas poblaciones rurales de su entorno.

Más tarde, en 1374, cada una de estas localidades generaba rentas por valor de 1500 sueldos jaqueses. A finales de la centuria, el concejo determinó arrendar los derechos señoriales citados a los propios habitantes de La Puebla y de Longares, por una cantidad anual, que alcanzó los 3.000 sueldos en el caso de esta última. A cambio de estas rentas los vecinos de estas localidades disfrutaron ciertos privilegios, como la exención de pechas sobre el ganado.

SIGLO XIV

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 LONGARES, ALDEA DE LA CIUDAD DE ZARAGOZA. La carta de población de 1305
El 1 de noviembre de 1305, Longares, va a recibir una carta de poblamiento, como aldea de la capital del Reino de Aragón, a favor de los que venían ocupando sus viejas demarcaciones. Hacia esa fecha, la villa era propiedad del Puente Mayor de Zaragoza, que, decide concertar con los residentes en Longares un pacto, reflejado en el privilegio otorgado por el concejo de Zaragoza, propietario de aquel Puente. Es el documento original más antiguo conservado en el archivo parroquial (algo estropeado, aunque restaurado en tiempos contemporáneos, le falta el sello mayor de la ciudad de Zaragoza, pendiente, que cerraba el privilegio).

La pieza es importante, por ser la carta fundacional de un nuevo Longares, que va a llegar hasta nuestros días y porque da testimonio de las familias, que en 1305, estaban afincadas en sus tierras; sin duda antiguos súbditos de los anteriores señores de la villa. Además, queda especificado el pacto financiero, que une de ahora en adelante al concejo longarino con el Puente Mayor de Zaragoza, que en sucesivas ocasiones se recordará y que explica la razón de ser de numerosos documentos conservados, en que se aplican las obligaciones fiscales.

Declarado que el lugar de Longares pertenece al Puente Mayor de la ciudad de Zaragoza, el concejo zaragozano concede a una cincuentena de longarinos, que se enumeran, entre ellos apellidos que seguirán por siglos en la localidad, una tarifa de lo que deben pagar al Puente mayor cada año: “por yugada de veinte cahizadas, un cahiz de candial (especie de trigo), y otro de ordio, limpio, puesto cada septiembre en Zaragoza; y por sus bienes muebles, por cada cien sueldos, diez y ocho dineros”. No sé evalua para el capital mueble, el par de bestias para labrar habitualmente, el ajuar de la casa, la cosecha cereal del año.

El privilegio, declara que el Puente de Zaragoza, tiene el señorío del lugar, el horno, unas casas con palomar, una yugada de tierra, una cahizada de viña y los derechos de hueste (ejército en campaña), cabalgada, monedaje, justicia civil y criminal y calonias previstas por el fuero, pues son pertenencias del señorío. Se establecen sanciones a los contraventores, pérdida de la tierra y sus mejoras y de sus bienes muebles; los insolventes, cien días de cárcel. Se pierden las tierras al año de no residir en ellas y se puede traspasarlas a otro. Se les concede uso de pastos, aguas, basas, leñas y montes, en todo el término de Longares, aunque pagando, como ya era costumbre, ayuda para escombrar las balsas (balsa o hueco del terreno).

A favor de los que ya estaban heredados en aquel término, aunque no estén avecindados, conserven su tierra, pagando los impuestos declarados antes.

Una reclamación formulada, el 26 de febrero de 1310, por los de Longares, ante el concejo de Zaragoza, afirma la existencia del treudo fijado en el documento o fuero de 1305, y piden no se les carguen 128 cahices de ordio, que les pretenden cobrar en reparto de ayuda al rey de Aragón, Jaime II, para su empresa de la campaña contra Almería. Zaragoza, había vendido las rentas a cobrar, de Longares, a dos personas, y éstas, tras alegar que en principio tendrían derecho a esta exacción extraordinaria para la empresa de Almería, el concejo zaragozano declaró que según fuero, Longares no tenía por qué pagar aquella derrama (contribución temporal o extraordinaria) y no debían percibirla los compradores de las rentas longarinas.

Este pacto o privilegio de Longares, se recuerda, el 10 de abril de 1354, cuando Zaragoza pretendió cargarle dos mil sueldos jaqueses para contribuir a una ayuda, que liberalmente, había prometido Zaragoza a Pedro IV, para su expedición contra los subditos rebeldes de Cerdeña. En el preámbulo del documento se recuerda el apoyo de Longares; la sentencia anterior de exención ante otro reparto para la expedición a Almería. Se reconocen los longarinos vasallos y súbditos del concejo zaragozano, recuerdan la carta de población de 1305 y las condiciones fiscales en ella pactadas; y manifiestan tener entreudadas las rentas del lugar salvo los ingresos por hueste, cabalgada, jurisdicción, homicidio y visitación.

Logrará Longares, como lugar perteneciente al Puente de Zaragoza, la confirmación de todas las exacciones fiscales de que goza Zaragoza por sus privilegios, y de los beneficios para sus ganados; confirmación decretada por Pedro IV, el 5 de marzo de 1357. La exención, se lucra en cualquier parte de los dominios del rey de Aragón, y se concreta en no abono de peso, peaje, lezda (tributo que se pagaba por las mercancias), portazgo (derecho que se cobra por pasar por un sitio determinado de un camino) y corvellas; el beneficio para sus ganados se extiende al pasto, abrevadero, leñear y acabañar en cuantas partes pueden hacerlo, libremente, los habitantes de Zaragoza.

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 RELACIONES CON ZARAGOZA
Durante el siglo XIV, la villa de Longares, seguirá manteniendo su estrecha vinculación con el Puente mayor de Zaragoza. Una prueba de ello es la declaración hecha por Antón Gonzalvo, raíz de Zaragoza, que tenía arrendado el Puente Mayor de fusta, de haber recibido de Longares los 3000 sueldos que este lugar abonaba a la ciudad de Zaragoza cada año como importe del arriendo de sus rentas.

Longares está sujeto al pago de cierto tributo o arriendo de sus tierras a la ciudad de Zaragoza, que monta a 3000 sueldos al año, que se pagan a tercias partes: San Miguel, enero y San Juan Bautista. Las rentas que por fuero abona Longares, suelen arrendarse: hay algún dato de la crida de arrendamiento y oscilan alrededor de los 900 sueldos al año.

Tiene, también, Longares deudas contraídas por préstamos, treudos, etc. en ocasiones en que necesita dinero. El precio de algunos de estos préstamos es fuerte (600 sueldos de interés en un préstamo de 6000, facilitado por el judío Jucef Abenafia, alias Aben Cabra).
Longares, abona a los concejales de Zaragoza, derechos con ocasión de visitas al pueblo; generalmente montan cien sueldos; coopera en la medida de sus fogajes (tributo o contribución que pagaban los habitantes de las casas), a los repartos de peticiones dinerarias del monarca de Aragón. Gracias a estos datos podemos saber, aproximadamente, la población longarina, en relación a la cantidad que debe repartir Zaragoza y sus aldeas entre todo el vecindario.

Esta conexión de Longares con Zaragoza, se refleja en apariciones esporádicas de zaragozanos en los documentos de este tiempo; en 1382 Ribaut de Boll, escudero, cambrero del arzobispo de Zaragoza, Lope Fernández de Luna; es estudiante zaragozano Rodrigo Díaz, de 1380,...

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 HÁBITAT Y CONCEJO DE LONGARES
Del hábitat de Longares da cuenta un reparto de 1391, que evalúa su población en 55 fuegos. En 1396 se habla de la desertización de la localidad a causa de la guerra contra Castilla.

Aparecen nombres de vecinos de Longares, en parte, relacionados con los repobladores de 1305. Se cita a Pedro Sánchez Roldán, Martín Cortés, Pedro Cortés,... En unos documentos de 1394 hay una relación cumplida de vecinos, con indicación del justicia del lugar y jurados, con otra también extensa de 1398.

Longares tiene concejo propio, encabezado por dos jurados y normalmente con 16 vecinos, al parecer consejeros en nombre de los demás. Sabemos de la nómina de los jurados y hombres buenos de algún año, por ejemplo del año 1398, en que es justicia García Comuel, hay dos jurados: Pedro Meder y Domingo Roldán.

Por pleito, suscitado en 1392, sabemos de la existencia de un alcaide con funciones judiciales, que designa Zaragoza anualmente para atender a sus aldeas, entre ellas a Longares. En este año lo era un tal Sancho Martínez Luengo, quien reclamaba a Longares, por pensión, la cantidad de 500 sueldos, a cuya cantidad había de añadirse el producto de las calonias que impusiera en su administración de justicia. Tras el pleito, los jurados zaragozanos deciden: “que Longares pague solamente 200 sueldos de pensión al alcaide; que este no pueda demandar calonias sino a instancia de parte, y que se respeten las normas del contrato vigente de arrendamiento de la alcaidia, con alguna novedad”.
La efectividad de la pensión anual de 200 sueldos se comprueba, al menos en el año 1395, del que queda el abono de tal cantidad al citado Sancho Martínez Luengo. En el año 1399 se cita como alcaide a Domingo Fernández Del Rey.

Unas notas fragmentarias con contratos entre vecinos de Longares, del año 1397, nos dan a conocer que Francisco de Aguilón era rector de Santa María de Longares, de la familia Mozota, de precios de algunas casas, de la costumbre de pactar entre los esposos, de las relaciones económicas con Aguarón, de la práctica de las comandas, de datos sobre testamentos con alusiones a sepulturas, sufragios, existencia de un hospital en la localidad, de topónimos del pueblo y aledaños.

LONGARES EN EL SIGLO XV

En el archivo parroquial de Longares, se conserva una documentación suelta, correspondiente al siglo XV. Para estos años existen noticias interesantes, que a continuación reproducimos agrupadas por temas.

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 EL ESCENARIO GEOGRÁFICO
En 1457, se planteó litigio sobre el cerramiento del caserío por la parte del camino que va a Zaragoza y se derribaron los muros que había hasta la Puerta Baja. Se amuró la parte del camino que se dirige a Cariñena. Aquel mismo año se acordaba abrir ciertas eras para los ganados de la ciudad de Zaragoza, que se habían cercado, aunque los vecinos colindantes con tales eras podrían aprovecharlas pagando la oportuna sesma.

En noviembre de 1458, Juan de Sabiñán, jurado de Zaragoza, se personaría en Longares y, en nombre de la ciudad, dispondría varias medidas concernientes, entre otros asuntos, al pago de la obra pública hecha en el camino real y puerta del lugar, que por beneficiar especialmente a los hosteleros, parecía razonable que contribuyesen a los gastos de modo especial. Se estudió las dimensiones en anchura del camino real de Zaragoza que era el acceso antiguo al pueblo, reduciéndolo al paso cómodo de una persona al ir y venir, y que con el tiempo se proceda a cerrarlo y el tráfico vaya por el camino nuevo. Se acordó, también, ampliar la plaza principal del pueblo, estudiando que casas y corrales debían derruirse y las compensaciones a los perdidos.

En cuanto al término jurisdiccional de Longares, sabemos, que la villa, pacta con la vecina Cariñena, en 1402, una normativa para evitar roces entre sus gentes.

En los documentos del siglo XV desfilan alusiones a las vías que acceden a Longares, desde Aylés, Cariñena, Tosos, Villanueva y Zaragoza. Salen, a veces, alusiones a los portones de la muralla, como las puertas Jusana, Somera y Vella. Raras son las nomenclaturas de viales del interior del caserío, que, normalmente, se citan por referencia al propietario de alguna casa elevada del vial de turno. Esto induce a suponer cambios frecuentes de nombre, a medida que se suceden en cada generación nuevos propietario de los inmuebles. Rara vez hay viales asociados a lugares de permanencia, como la Fragua o semejante. La mayor riqueza de topónimos, se refieren al agro circundante: “basa de Abades, Acerollero, Aliacira, Atalayas, ...”.

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 LONGARES, DEPENDENCIA DE ZARAGOZA
Se inaugura, el siglo XV, con una confirmación de las condiciones en que Zaragoza había poblado y repartido las tierras de Longares en 1305. Con ocasión de disputas entre Zaragoza y Longares, se procede a estudiar los antecedentes, que obraban en poder del concejo de Zaragoza y el resultado es conocer que en 1.401, las tierras de Longares, estaban repartidas por Zaragoza en varios quiñones entre los longarinos, que debían pagar cada año en Septiembre.

Según la vieja concordia de población de Longares, Zaragoza, se había reservado en esta localidad, el horno, unas casas, el palomar, la hueste, cabalgada, monedajes, justicias civil y militar y demás calonias, que pertenecen a Zaragoza por fuero y razón de su señorío sobre Longares.

De acuerdo a un documento de 1.417, con motivo de las reclamaciones de Zaragoza a Longares y pretensión de que los abonos que se le han de hacer pueden convertirse en rentas de la Ciudad, se procede a determinar por una comisión de juristas, a determinar, que Longares no ha de pagar salario al alcaide o justicia que le nombra Zaragoza, entre los candidatos propuestos y que los pagos de visitación sólo son debidos si tales visitas se realizan. Sólo está, pues, obligada Longares a pagar a Zaragoza la renta especificada en la carta primitiva de población.

Muy clara aparece la vinculación de Longares con el Puente de Zaragoza, cuando en julio de 1.408, el concejo de Zaragoza, confirma la venta realizada por el de Longares de un censo anual de 500 sueldos por precio de 9.000; cantidad que iba destinada a los gastos de la obra del Puente de Piedra.

De acuerdo a esta dependencia, Longares, participa en todos los privilegios de la Ciudad de Zaragoza, y goza de diferentes exenciones; tanto de peaje, pesos, mesura, portazgo, cozuelo, lezda, pontazgo, usos y costumbre nuevas y antiguas, como de prohibición de prendar a los vecinos concedidas por los reyes de Aragón y confirmada por Martín I. Motivo por el cual, cuando en 1.420, se aprenden a dos vecinos y sus bienes de Longares, se le recuerda al señor de Jaulín que los de Zaragoza y sus aldeas, entre ellas Longares, deben ser tenidos por infanzones.

Añadamos que en 1.417, el rey, Fernando I, dispone que Longares pueda elegir, y nombra concejo propio, y este designe las personas que han de desempeñar los oficios, empezando por el de justicia, que son necesarios para el gobierno de la villa.

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 AUTORIDADES LONGARINAS
El principal, es el justicia; para su designación, la villa nombraba tres vecinos, entre cuya terna elegía al justicia anual el concejo de Zaragoza y se iniciaba el mandati, el día de Santa María de Agosto. Llegado el nombramiento, el concejo de la villa lo entregaba al designado, quien ante notario, lo eleva sobre su propia cabeza y promete cumplir bien su oficio; de inmediato, procede a nombrar personalmente un lugarteniente. Ambos juran sus oficios sobre la cruz y los Evangelios. Los magistrados principales del concejo son los jurados, que suelen ser dos y cambian cada año.

En la nómina de justicias de Longares del s.XV cabe mencionar, entre otros, y por orden cronologico, a los siguientes: Antón Escolano, Pedro Cortés, Domingo Beltrán,.... Como dice algún documento, el concejo se reúne a son de campana en la casa de la cofradía o en el Hospital de Santa María; otras veces a son de címbalo. En cuanto a los integrantes del concejo, suelen ser una veintena de vecinos, y como representante de la ciudad de Zaragoza, un alcaide, designado entre personas de la parroquia de Zaragoza por sorteo, ejerciendo el cargo por término de un año, pero no desempeña personalmente su cargo sino que nombra un lugarteniente suyo en persona del pueblo, una vez que ha comparecido en Longares.

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 EL NOTARIADO
Esta magistratura de jurisdicción voluntaria está muy representada en los documentos de Longares y se sabe de los de varias localidades próximas( como La Almunia, Cariñena, Calatayud...) y los intervinientes habituales, que pertenecen a Zaragoza o son generales del reino y en algún caso peculiares de Longares como, por ejemplo, Domingo Escolano.

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 LOS PRIVILEGIOS Y CARGAS FISCALES DE LONGARES
En pleno S.XV, se sigue aplicando el privilegio concedido en 1.095, en beneficio de localidades recuperadas de infieles y que quedan exentas del abono de diezmos, primicias y frutos que debían destinarse por los concejos a reparar iglesias y objeto de culto.

Frente a estos privilegios, Longares está sujeta a imposiciones generales, a favor de la corona (coronaciones, recepciones reales,,), de la ciudad de Zaragoza (arriendo de tierras..), así como, a contribuciones especiales para obras, como las del Puente de Piedra.
Así mismo, estaba obligada al abono anual de alcaidía, a los pagos por visita o cena a los jurados de Zaragoza, o al pago del morabetí, hechos que suponían una gran carga anual en sueldos, además de los que soportaba la hacienda de la villa, gravada por numerosos censos.

Sin embargo, y a pesar de ello, Longares siempre cumplía bien sus compromisos, y las rentas de sus riquezas naturales permitían sufragar estos adelantos dinerarios.
Muchos de estos dineros, los ha de abonar Longares para sus contribuciones a gastos inesperados, como la recepción, en Zaragoza, de la Infanta de Navarra y reina de Sicilia, doña María, en 1.403, lo que le supuso el abono de mil sueldos, el envío de diputados de Zaragoza a las Cortes de Maella de 1.404 ( 400 sueldos), o las operaciones bélicas emprendidas para sitiar Balaguer (280 sueldos).

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 LA IGLESIA DE LONGARES
Son muy parcas las noticias eclesiásticas. Por lo pronto, hay alusiones a obras en la fábrica, especialmente, en la torre en 1.425. Tiene Longares además de la iglesia de Santa María, otra capilla dedicada a San Julián, asiento de una cofradía y también un hospital, al que suelen dejarse en los testamentos ropas.

Por los mismos, sabemos de las devociones en boga, referidas a la comarca, como Nuestra Señora de Lagunas, Santa María de Tobed....

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 ECOS DE ZARAGOZA
Los documentos longarinos, dentro de su modestia, guardan importantes datos para la historia de Aragón, ya que en ellos figuran nombres y actuaciones de cargos importantes de la corte real aragonesa, a través de vicecancilleres, tesoreros, gobernadores y personalidades de la nobleza del país, como los vizcondes de Rueda de Jalón, los Lunas de Villafeliche, los Ximénez de Heredia de Santacroche, etc.

Así mísmo, quedan muchos recibos de cobros de Zaragoza a su lugar de Longares y estos los extienden los mayordomos de Zaragoza, ofreciendo el archivo de Longares una lista muy detallada de los que detentaron la mayordomía Zaragoza.

Dada la dependencia de Longares, respecto del concejo de Zargoza, la composición de esta figura, en varios documento, quedando reflejado los ciudadanos que ejercieron como jurados, tanto en Longares, como en Zaragoza.

Otros zaragozanos aparecen esporádicamente en los contratos custodiados en Longares: en nómina, por ejemplo, de mercaderes y también abundan hombres de la iglesia Zaragoza, como el sacristán francés de Lasala, entre otros.

LONGARES EN EL S. XVI Los documentos que se conservan en la villa de Longares, más de tres millares y medio de documentos, la mayoría en su emisión original, que arrancan de 1.305, año de la carta de población de esta localidad por el concejo zaragozano, brindan testimonio preciso de la vida oficial de Longares, desde dos ángulos de visión muy concretos: el municipal y el eclesiástico, que a continuación reproducimos.

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 LONGARES: UN PUEBLO EN MARCHA
La apoyatura física de Longares, es su termino municipal, dedicado, preferentemente, a la agricultura (viñedo y cereal) y a la ganaderia. Esta última fuente de riqueza explica las relaciones con la Casa de Ganaderos de Zaragoza, quién, en 1.598, promueve una amojonación de pastos para sus asociados por acta notarial.

También en este siglo se colocan mojones entre Longares y Cariñena y se delimita el término de la Torrubia, y con Muel, se pacta uso del paso de la Sardosa. Se pactan acuerdos, en 1.554, con Villanueva de Huerva, para uso de sus respectivos términos, con sus respectivos derechos y goces, determinándose las dehesas que debían guardar ambas villas, y se obtienen derechos a leñar en Ailés, Villanueva y Tosos. En ese mismo año, se avenían, también, en que los de Longares no abonasen pontaje a Villanueva, dados sus privilegios y el fuero de Aragón.

Los documentos son ricos en información sobre el caserío longarino: “el puente fue arreglado en 1591, sucesivas obras se llevan a cabo en la muralla de la villa, una de las puertas se ampliaba en 1.585 con motivo de preparativos para el paso del rey por Longares...”.

Por la nómina de obras de este siglo, se comprueba la existencia de una casa de la villa, una fuente en la carrera que va a Zaragoza, una tejería con arcadas, una fragua, un hospital, un almacén de la primicia, una cárcel y el peso del almutazaf, además del otro peso de la harina (cuyo empleado es en 1.596 Domingo Lorbes), y finalmente un horno enlosado.

En este escenario longarino discurre, junto a la vida normal de sus hombres de campo y menestrales, el eco de otros aconteceres extraordinarios: “en febrero de 1585, pasaba por la villa, el rey; en 1.598, salían de Longares gentes a cumplimentar al monarca a la venta de María; en los años 90, tan agitados para Aragón, son frecuentes los acantonamientos de tropa en la villa; el capitán Insausti con cuatro compañías llegaba en 1.591 y en 1.592, se documenta la estancia del capitán Alonso de Contreras con una compañía de soldados”.
De tono menor, en el acontecer del siglo, es la colaboración, en 1.592, de la construcción del castillo de Jaca, así como otros hechos.

A tenor de los documentos, la villa, en 1.556, no llegaba a 200 las casas y vecinos, y que desde los veinte años anteriores, había crecido la población en unos 30 individuos, aproximadamente. Si atendemos a un reparto de trigo efectuado por la cambra del concejo, en 1590, había en Longares 146 vecinos; algunos, personas de condición, como los escuderos Juan de Val y Martín de Grasa o el infanzón Juan Salvador; pero la población es, predominantemente, labradora y parte de los longarinos viven de la ganadería, que cuenta con su dehesa, sus derechos de pastos, en Jaulín y pardina de Ailés, sus derechos a leñar, también, en la comunidad de Daroca, cortas en carrascadas, uso de balsas (como la de Ontinar), roces con la Casa de Ganaderos de Zaragoza, etc.

Al servicio de estas gentes hay variedad de maestros de oficios: herreros, fusteros, fontaneros, cerrajeros, carreteros, pelaires, sastres, tejedores, zapateros, especieros, carniceros y horneros.

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 LOS GOBERNANTES
Longares sigue gozando de los privilegios primitivos y, en especial, los concedidos por Pedro IV, en 1357.

Pero para conocer con detalle la organización y funcionamiento del gobierno de Longares, en 26 de abril de 1581, la ciudad de Zaragoza, disponía unas ordinaciones de las que quedan copia notarial, incompleta, en el archivo de Longares. Dado el origen y naturaleza de la documentación conservada, hay informes muy completos del concejo, su composición y sus actividades. Las reuniones las convoca el corrredor público a son de campana, para reunirse en la casa de la cofradía de Santa María y en algún caso en la plaza. En ocasiones, hay sesión conjunta del concejo viejo y el nuevo que le releva. Llevan, los del concejo, sus prendas oficiales y en ocasión de exequias reales (caso de 1598), se compra bayeta para hacer 15 lobas de luto, para asistir a las exequias del monarca en Zaragoza.

No obstante, la autoridad principal del concejo, es el justicia; quedando constancia de una larga nómina de los que ostentaron el cargo a lo largo del siglo, así como, de los jurados, clave fundamental de la actuación municipal, que se renuevan anualmente a la pareja de jurados. Esta magistratura, por la que pasan lo más significativo de la población, se sortean entre los insaculados por el concejo de Zaragoza.

Hay, además, algunos lugartenientes de jurado y para cumplimiento de órdenes municipales, cuenta la villa con un corredor público, que a veces desempeña también el oficio de hospitalero.

El justicia y los jurados de Longares juraban el ejercicio de sus cargos; sus fórmulas, que ya venían de antiguo, han quedado reflejadas en las ordinaciones hechas en 1554 por micer Carlos de Santacruz.

Se vela por el acato de los longarinos a sus autoridades; así en noviembre de 1587, se había desterrado a Pedro Cortés perpetuamente de la villa y sus términos, por palabras perjudiciales y escandolas contra un jurado, aunque pasado un tiempo de su destierro, se le perdonó.

En 1598 los jurados de Zaragoza, que una vez más se declaran señores temporales de Longares, a petición de las autoridades de la villa, se procedió a hacer insaculaciones y algunas ordenanzas.

La vida administrativa de Longares implica colaboraciones constantes de gentes de leyes: abogados prestigiosos de Zaragoza; procuradores para pleitos; notarios causídicos,etc.

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 LA HACIENDA DE LONGARES
Cuidan de la administración los mayordomos, cargo municipal anual, que llevan sus libros contables y presentan, si es caso, nota de sus alcances. Las rentas de la villa se consignan en un cabreo (libro de cuentas donde tienen las Iglesias anotados sus privilegios); hay receptor y tres contadores. Se llevan libros con los gastos menudos, comúnmente ocupan tres cédulas anuales, que aprueban los dos jurados consignando al pie sus firmas autógrafas.

Obtiene, el concejo, ingresos del arriendo de horno, cobro de primicias, etc., de los que queda algún testimonio en actas notariales. Abunda la venta de censales por el municipio y para la administración de los treudos, hay un cojedor, que lleva cuentas y que se le resarcen los alcances de sus libros. Ingresan en el municipio los dineros de panes y trigos, para los que están sus administradores. Tiene además, ingresos el municipio, por penalidades cobradas, también contabilizadas en libros. Naturalmente también hay pagos colectivos, como el derecho del maravedí abonado a Zaragoza o las sisas que se pagan por tercios anuales.

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 CONEXIONES CON ZARAGOZA
Dada la vinculación de Longares con el puente de Zaragoza, las relaciones con el concejo de esta ciudad son intensas. Abundan visitas a Longares por parte de jurados de Zaragoza así como visitas con frecuencia para ejecutar provisiones en Longares, generalmente emanadas de la corte del Justicia de Aragón. Za ragoza cuida de dar vecindad en Longares a quien lo solicita, insacula gentes para desempeño de los oficios de Longares; el concejo de Zaragoza ha de autorizar la emisión de censales; se revisa la contabilidad del concejo longarino, etc.

Son frecuentes las intervenciones jurisdiccionales del concejo de Zaragoza en la vida de los longarino como por ejemplo, en 4 de agosto de 1508, los jurados zaragozanos ordenan la ocupación de los bienes muebles y sitios de los hermanos Domingo y Sebastián Mateo, apresaron sus personas dándoles por cárcel Longares y sus términos.

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 LA PARROQUIAL LONGARINA
De acuerdo a los testimonios procedentes, en su mayoría del archivo parroquial primitivo, nos vamos a adentrar, desde otra óptica, a los cien años del siglo XVI longarino en el que hallaremos importantes noticias sobre la iglesia local y su impacto en la sociedad local: jubileos, cofradías, festividades religiosas, luminarias; clérigos y seglares al servicio del culto; vida económica y su contabilidad; fábrica de la parroquial, ornamentos, órgano, retablos y relicarios y sobre todo la singular riqueza y antigüedad de los libros parroquiales.

En orden a la vida espiritual, sobresalen los jubileos ganados por los longarinos. Cuando Pío V, en 1568, dispone uno conmemorativo de la defensa de la cristiandad contra los infieles, 510 personas figuran como lucrándolo en esta villa. No obstante, no es el único ya que constan otros como el del día de la Magdalena, en 1556 o el día del Virgen de Septiembre en 1561, etc.

Indice de la vida espiritual de los longarinos es la existencia de varias cofradías, como la del Santísimo Sacramento de la que quedan ordinaciones de 1523 dispuestas para todas las parroquias de la diócesis de Tarazona; la cofradía de San Pedro, de la que era prior Pedro Baquero en 1585, natural de Longares; la de Nuestra Señora de la Ascensión y la cofradía de San Julián, que ejercía labor caritativa y solía dar de comer a pobres y repartir algunas raciones.

En fiestas señaladas venían a Longares buenos predicadores, por ejemplo para la Cuaresma de 1587, Salvador Alguacil o para la de 1591, Antonio Jaime, o para la del 1595, fray Diego de Aguilar que era prior de San Sebastián de Épila.

Se celebraban procesiones anuales a Santa Catalina, a la Virgen de las Lagunas, a la Magdalena y a San Cristóbal con los festejos populares oportunos y ayudas económicas del concejo. Tampoco era ajeno Longares a la colaboración con la obra de redención de cautivos, con las oportunas limosnas, generalmente enviadas al convento de San Lázaro de Zaragoza.

Se montaban luminarias especialmente en honor del Santísimo y de Nuestra Señora y del que cuidaba de su administración un longarino (por ejemplo, Miguel Asún). El monumento de Jueves Santo que exigía a veces adquisición de fusta, lo preparaba un vecino de Longares (Tomás Lanaja).

Existe una completa nómina de los vicarios que sirvieron la parroquial longarina; hay clérigos adscritos a capellanías fundadas por algunos benefactores de la parroquia, entre las que cabe citar entre otras una fundada en el altar de San Juan Bautista por Gracia Baquero o la instituida en el altar de San Lorenzo que a fines de siglo detentaba Jaime Mozota. Entre otros beneficiados de Longares están documentados Domingo Cortés, Pedro Baquero, Domingo García y Domingo de Prad.

La sacristía está al cuidado sucesivo de Juan de Belloc, Lupercio Escolano y al beneficiado ya citado Domingo de Prad.

Desde 1524 consta que la iglesia de Longares cobra los derechos de fractura de sepulturas sin que ello se entrometa para nada el concejo. Sus beneficios se empleaban en la fábrica y en los ornamentos de la Iglesia. En 1596 el arzobispo Alonso de Gregorio mandaba cuidara de ello al vicario, que daría cuenta anual con asistencia de representación del concejo para ver en que se destinan las jocalías y se le facultó, al vicario, para proceder contra herederos que no cumplan las mandas dejadas por sus deudos a la iglesia.

Abundan datos sobre los derechos de jocalías, que se perciben sobre los entierron, que suelen ser de 50 sueldos, con rebajas para entierros que solo se reciben en el portegado.
En las relaciones financieras de la parroquial con el concejo hay en este siglo una concordia por la que los clérigos han de pagadas viñadería así como deberían pagar al herrero del pueblo los servicios que les hagan a los que carecen de mulo o mulas de labor.

La iglesia recibió ordinaciones del arzobispo Alonso de Gregorio en 1583 y cuidaba de la colecta de las bulas de Cruzada, que llevaba a Zaragoza, y que a veces motivaba alguna visita del comisario de la Cruzada.

La vicaría de Longares experimentó vicisitudes canónicas: se trató de suprimirla en 1589 y tuvo dificultades jurídicas, nada menos que un entredicho en 1553 movitdo por el justicia y jurados de la villa, además de diferentes pleitos con algunos particulares .
Para sus cuentas, queda un libro de contabilidad de los años 1575-83 con datos de muy diversos gastos como carne, cereal y vino.

En cuanto a la historia de la parroquia actual en su aspecto arquitectónico es en este siglo cuando se comienzan sus obras, en 1525, por el ábside de la capilla mayor; dos años después se había concluido la nave central hasta la puerta bajo la dirección de Alonso de Leznes; en 1536 se edificaba la primera capilla entrando a mano derecha y también una cisterna el fosal; y en el mismo año se compraba u misal nuevo y unas constituciones; en 1544 se bendecían dos campanas, llamadas de Santa María y Santa Ana por parte del arzobispo Hernando de Aragón quien las regaló.

Se ampliaría la iglesia en 1544, añadiendo del lado del Evangelio una nueva nave, que se terminó en 1566 bajo la dirección de Juan de Estalla. Los años 50 abundan en noticias sobre las mejoras de la parroquial longarina que se va a conseguir la ampliación de dos naves laterales conforme a los deseos del arzobispo Hernando de Aragón; se adquiere un procesionario y una peana para lllevar la reliquia de San Blas, en 1550. Las obras de ampliación supusieron el traslado provisional de algunos altares que estaban en la nave del Evangelio ( S. Sebastián, Virgen del Rosario, la Piedad y San Antonio Abad) y hubo que elevar una nueva columna arrimada al coro a mano izquierda de un nuevo cuarto que se había fabricado para el oficial.

En 1560 se colocaba una pila baustismal de alabastro, a la vez que se adquierian un dominical y un santoral para el servicio del altar; se pintaba y doraba el retablo de la Virgen del Rosario; y al año siguiente se colocaba retablo del altar mayor, obra de Domingo Tarín, de Villar de los Navarros; este mazonero también se encargó de hacer el rejado del coro y unan peana para el Sacramento. Más tarde en 1587 se procedía a dorar el altar mayor dedicado a la Asunción de la Virgen María.

La fábrica de la iglesia merecía constantes cuidados. Tal la torre, su veleta, las campanas que se rajaban y que desmontadas y pesads se enviaban a nueva fundición. Había además en la torre un reloj, que necesitó algunas reparaciones, especialmente de ruedas, en 1598.
Los ornamentos de culto se renovaban en este siglo, se componía en 1592 una bandera para la iglesia, se fabricaba una dalmática, algunos ternos ( uno cosido y bordado por el bordador Antonio Bullón en 1598) y se sabe de otro ornamento morado en el que se incrustaron en el bordado treinta y nueva onzas de plata en 1598.

Contaba con órgano, al cuidado del sacristán Domingo Prad (1591); tres años después vino el organista de Encinacorba, Francisco Molina para desempeñar el oficio y enseñarlo.
El altar mayor el cual disponía de puertas, precisaron nuevos cantes en 1589.
En los años 80 se cuidó del retablo: el escultor Jerónimo Laguarda de Daroca invertía en arreglarlo; Silvestre Destarmolín, pintor, pintaba y doraba el retablo, además de las puertas.

Tenía por entonces la parroquial altares dedicados a San Juan Bautista, San Bartolomé, San Juan, San Antón, San Sebastián, San Lorenzo, Santa Ana, Virgen del Rosario, Crucifijo y Santiago, y otro bajo la advocación del Santísimo Nombre de Jesús.
A fines de siglo consta que se adquirió plata para el relicario del Santo fray Diego, siendo realizado por el platero de Zaragoza, Diego Arnal,y que el pintor Silvestre Destarmolín, realizó un crucifijo.

Para la historia parroquial del siglo XVI son de gran valía los libros de visitas parroquiales, muy bien conservados y bastante completos. En fines de marzo de 1520 el visitador fue fray Martín de Mayo, comisario apostólico de la cruzada. En 1524, visitaba Diego Diest, vicario general del arzobispado de Zaragoza. En febrero de 1526 es Miguel Villar manifestando la necesidad de acrecer la iglesia. En octubre de 1528 es Mateo Caballero el visitador, que actuaba de vicario del arzobispo Juan de Aragón. Nueva visita de Diego Diest en noviembre de 1531, en la que se compone la cofradía de Nuestra Señora y la de San Julián. Vuelve el visitador Mateo Caballero en junio de 1535, que a la sazón era vicario del arzobispo Federico de Portugal, siendo muy rica en datos su visita.

En 1554 tendría lugar la visita del arzobispo Hernando de Aragón quien dispuso continuara la obra de ampliación de la iglesia para que se concluya en cuatros años. También se disponía que los herederos de Antón Montañes concluyan la construcción de un retablo para la capilla de tal difunto.

En 1550 fue visitador el abad del monasterio de Veruela, fray Lope Marzo, que era vicario general del arzobispado de Zaragoza; disponía un ensanche de la iglesia, ya que no cabían los fieles. En 1554, el visitador Diego de Espés de Sola insistía en el ensachamiento de la iglesia, dando plazo para empezar la obra no superior a un mes; el órgano situado debajo de la iglesia entre los asientos de los fieles, había que retirarlo para las obras y se dispuso con este motivo que se instalara arriba, en el coro.

Antonio García, obispo de Utica fue visitador en julio de 1565 quien con el padrinazgo del vicario de Longares, Juan Lezcano confirmó a 266 personas en Logares. En septiembre de 1574, Antonio García, visitador, dispone se enrajolen las sepulturas pasados los ocho días del enterramiento y esto a costa de los herederos del difunto. Y en mayo de 1583, Andrés Santos, arzobispo de Zaragoza dispone la supresi´çon de las procesiones de San Cristóbal de Aguarón y de Santa Catalina de Mozota pues están lejos de Longares y dan ocasión a escándalos. En abril de 1586 el visitador Pascual de Mandura dispone el retejo y refuerzo de paredes de la ermita de San Julián y retejar el tejado de la parroquial; en esta época que se iba en procesión desde Longares a la iglesia de la Magdalena de Mezalocha.
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